La inactividad física constituye uno de los principales factores de riesgo de mortalidad a nivel mundial. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, no cumplir con los niveles recomendados de actividad física aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, cáncer y trastornos de salud mental. En sus Directrices sobre actividad física y comportamiento sedentario, la OMS subraya que al menos 150 a 300 minutos semanales de actividad moderada en adultos reducen significativamente estos riesgos.
Desde una perspectiva estructural, las políticas públicas son fundamentales porque el comportamiento físico no depende únicamente de la voluntad individual, sino del entorno social, económico y urbano.
Asimismo, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) señala que América Latina enfrenta altos niveles de sedentarismo, especialmente en mujeres y adolescentes, lo que convierte la promoción de la actividad física en una estrategia clave para reducir inequidades en salud.
Es por ello que la promoción de la actividad física a través de políticas públicas constituye una herramienta estratégica para enfrentar la epidemia de enfermedades crónicas y reducir desigualdades sociales. Organismos como la OMS y la OPS coinciden en que la intervención debe ser multisectorial, sostenible e inclusiva. Más allá de campañas informativas, se requieren transformaciones estructurales en los entornos urbanos y sociales para lograr cambios duraderos en los hábitos de la población.
Organización Mundial de la Salud. (2020). WHO guidelines on physical activity and sedentary behaviour. https://www.who.int/publications/i/item/9789240015128
Organización Panamericana de la Salud. (2020). Strategy for the prevention and control of noncommunicable diseases in the Americas 2020–2025. https://www.paho.org/en